Thursday, 7 March 2013

Ganadores del Concurso de microrrelatos "Mujer y sociedad"

1º premio:


Carnaval

Disfrazarse es como todo, a algunas personas les gusta y a otras no. A ella no le gustaba. Pero iban a ir todas igual, y si no se disfrazaba tendría que quedarse en casa.
Cedió. Disfraz azul, con trasparencias. Muy sexy, la verdad. Zapatos de diez centímetros y labios rojos pasión. Tupé y alisado. Una imagen excepcional.
Llegaron al punto de encuentro y ellos, claro, no iban disfrazados. Llevaban pantalón y camisa. Zapatos planos. Por supuesto, sin maquillar. Quedaban ocho horas por delante y muchos retoques en el baño, muchos juegos de equilibrio sobre tacones y escaleras de almacén. Y estaba cansada antes de empezar, porque no sentirse ella misma la agotaba.
Así todos los días. Porque para ella ir a trabajar era como el carnaval. Y no es que no le gustara arreglarse, es que quería decidir cuándo hacerlo sin que de ello dependiera su trabajo.
Se abrochó el uniforme, se colgó la sonrisa y abrió las puertas. Un día más, el desfile iba a comenzar.

Eva Muñoz


2ºpremio

Adiós sin el corazón

Por mucho que dijeran con la boca chica sus familiares y amigos, la presión se masticaba en el ambiente y el aire era irrespirable. En el pueblo ya no la miraban igual desde los rumores de infidelidad. Con independencia de su veracidad, siempre algo queda, Eva se sentía marcada y desprotegida. Así que cuando se le acabaron las lágrimas, primero las de rabia, luego las de impotencia, y por último las de indefensión, decidió poner fin a un matrimonio en el que ya no creía. Con cabeza alta y paso decidido, se dirigió al dormitorio, abrió el falso cajón junto a la cama de matrimonio, y tras empuñar la pistola, sin vacilaciones, enfiló hacia el salón. A menos de un metro, tras cuadrarse, y sin pestañear, descerrajó un único, certero e inapelable disparo en pleno corazón del retrato de su esposo. Era el último favor que le hacía. “A fin de cuentas un cuadro con una historia detrás se vende mejor en el mercado, que se lo digan a Cela y su Miró rasgado”- pensó en voz alta sonriendo. Dejó el arma aún humeante y se marchó con lo puesto. Para el viaje de la libertad no precisaba alforjas.

Juan Ruiz

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