Carnaval
Disfrazarse es como todo,
a algunas personas les gusta y a otras no. A ella no le gustaba. Pero
iban a ir todas igual, y si no se disfrazaba tendría que quedarse en
casa.
Cedió. Disfraz azul, con
trasparencias. Muy sexy, la verdad. Zapatos de diez centímetros y
labios rojos pasión. Tupé y alisado. Una imagen excepcional.
Llegaron al punto de
encuentro y ellos, claro, no iban disfrazados. Llevaban pantalón y
camisa. Zapatos planos. Por supuesto, sin maquillar. Quedaban ocho
horas por delante y muchos retoques en el baño, muchos juegos de
equilibrio sobre tacones y escaleras de almacén. Y estaba cansada
antes de empezar, porque no sentirse ella misma la agotaba.
Así todos los días.
Porque para ella ir a trabajar era como el carnaval. Y no es que no
le gustara arreglarse, es que quería decidir cuándo hacerlo sin que
de ello dependiera su trabajo.
Se abrochó el uniforme,
se colgó la sonrisa y abrió las puertas. Un día más, el desfile
iba a comenzar.
Eva Muñoz
2ºpremio
Adiós sin el corazón
Por mucho que dijeran con la boca chica
sus familiares y amigos, la presión se masticaba en el ambiente y el
aire era irrespirable. En el pueblo ya no la miraban igual desde los
rumores de infidelidad. Con independencia de su veracidad, siempre
algo queda, Eva se sentía marcada y desprotegida. Así que cuando
se le acabaron las lágrimas, primero las de rabia, luego las de
impotencia, y por último las de indefensión, decidió poner fin a
un matrimonio en el que ya no creía. Con cabeza alta y paso
decidido, se dirigió al dormitorio, abrió el falso cajón junto a
la cama de matrimonio, y tras empuñar la pistola, sin vacilaciones,
enfiló hacia el salón. A menos de un metro, tras cuadrarse, y sin
pestañear, descerrajó un único, certero e inapelable disparo en
pleno corazón del retrato de su esposo. Era el último favor que le
hacía. “A fin de cuentas un cuadro con una historia detrás se
vende mejor en el mercado, que se lo digan a Cela y su Miró
rasgado”- pensó en voz alta sonriendo. Dejó el arma aún
humeante y se marchó con lo puesto. Para el viaje de la libertad no
precisaba alforjas.
Juan Ruiz
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